Embarazo y parto

Esta es la historia del embarazo y parto de una mamá novata.

Como en las mejores series de televisión, hay risas, sorpresas, dramas, protagonistas indeseables y algún que otro giro inesperado del guión.

Sin duda, para mí, es la historia de mis mejores años. La película de mi vida, que volvería a ver y revivir mil veces para tener a mi lado a sus dos protagonistas principales.

Pero no hagamos «spoiler». Ponte cómodo, que la primera temporada va a comenzar.

Temporada 1: madre por primera vez

La primera temporada tiene un gran protagonista: Gordito. Él me convirtió por primera vez en madre.

Llegó para revolucionarlo todo y enseñarme tantas y tantas cosas.

Pero hasta conocerlo tendría que esperar 9 largos capítulos. Capítulos llenos de emoción y felicidad, aunque también de miedos y sustos.

padres con zapatitos de bebe

El primer mes de embarazo: el de dejar de fumar

Sumaba días de retraso en la regla. ¿Estaré embarazada? No quería hacerme ilusiones, pero los días pasaban y la regla no llegaba. ¡Eso ya no era normal!

Era el día 29 de febrero. Una fecha muy particular y que a partir de ese momento cobraría un significado muy especial para nosotros.

Aquella mañana las dos rayas se marcaron bien fuerte en el test de embarazo. ¡La mejor historia de mi vida acaba de comenzar!

Felicidad, incredulidad, nervios, emoción, pero también miedos e incertidumbre me invadieron.

¡Voy a ser mamá! Cruzo los dedos para que todo salga a bien.

Todavía con aquel test de embarazo entre las manos caigo en la cuenta. Llevaba años siendo fumadora. Pero ahora mi cuerpo ya no solo me pertenecía a mí.

¿Recuerdas ese capítulo de Friends donde Phoebe no puede atender ninguna llamada de teléfono sin antes encenderse un cigarro? Así era yo.

Pero aquella misma mañana en que descubrí que estaba embarazada me fumé mi último cigarro.

Dejar de fumar en el embarazo no fue tan difícil como esperaba y sin duda, fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. ¡El tabaco no aparecerá en ningún otro capítulo de esta serie!

Después de asumir la noticia, los días pasaban tranquilos. Apenas sin síntomas de embarazo. ¡Aún había días que me costaba creer que aquello estuviera sucediendo!

Fue un mes muy feliz. No pudimos esperar a dar la noticia a la familia. ¡Iba a ser el primer bebé para todos y todos estábamos muy emocionados!

El segundo mes de embarazo: el del sueño infinito

Me encuentro bien. Hay días que lo único que me recuerda que estoy embarazada es un sueño y un cansancio tremendo.

No importa cuanto duerma. ¡Tengo sueño todo el día! Puedo dormirme en cualquier lugar y circunstancia con solo mantener cerrados unos segundos los ojos.

El pecho me duele mucho ¡y ha crecido que no veas! Estoy contenta con mi nuevo escote, aunque cualquier roce me resulta muy molesto.

Me gusta notar esos primeros cambios en mi cuerpo. Me hace sentir que todo va bien.

Porque el miedo a que algo malo suceda está ahí presente. Siento miedo cada vez que voy al baño. ¡Quiero ver pasar los días y que el primer trimestre termine!

Siento náuseas algunas mañanas, pero son muy llevaderas. Vomito algunos días.

Si estoy más de un par de horas sin comer noto un vacío tremendo en el estómago que me hace sentir mal. Es la primera vez en mi vida que noto esa sensación.

¡Gusanitos! Cuando siento ese vacío como gusanitos y se me pasa. Son mi salvación. Me engancho tanto a ellos que comenzamos a llamar al bebé como Gusanito.

Me hacen la primera analítica del embarazo y yo cuento los días que quedan hasta la primera ecografía.

El tercer mes de embarazo: en el que lo veo por primera vez

Las náuseas ya han remitido. Me encuentro bien.

Tengo muchas ganas de acudir a la primera ecografía del embarazo para comprobar que de verdad está ahí y que todo está correcto. A la vez siento un miedo atroz a que algo no esté bien.

Por fin llega ese día. El día en que lo vería por primera vez, aún dentro de mí.

Mientras estoy tumbada en la camilla, aguanto la respiración, de puro terror, hasta que veo aparecer su imagen en la pantalla y veo su pequeño corazón parpadear. ¡Está ahí y está vivo! No es un sueño.

Me hubiera pasado horas escuchando la música celestial de su latido. Viéndolo moverse y girar, ajeno a todo, en mi barriga. Todo está correcto y yo no puedo estar más feliz.

Sin embargo no todo es alegría. La analítica ha rebelado que algunas valores de mi tiroides están aumentados.

Mi médico de cabecera no le da importancia, me dice que no me preocupe y me manda repetir la analítica en unas semanas.

Intento no pensar en ello, pero esa espinita queda ahí clavada.

El cuarto mes de embarazo: el de las primeras pataditas

Es un capítulo tranquilo. Ese hambre voraz y el sueño a todas horas comienzan a desaparecer. Hace semanas que no noto náuseas.

Me encuentro bien y con energía. La barriguita comienza a aparecer. Me gusta verla crecer.

Un día, mientras estoy recostada en el sofá después de comer noto algo ahí abajo. ¿Qué es eso? Pienso que será algo de gas. No le doy importancia.

Se repite. ¡Espera! Esto no lo he notado nunca antes. Es como un aleteo, unos golpecitos suaves. ¿Eres tú, Gusanito? Sí, no hay duda. ¡Siento los primeros movimientos del bebé!

¡Menuda emoción! Alrededor de la semana 16 de embarazo comienzo a notar como se mueve, al principio no todos los días. Pero cada vez es más continuo y más fuerte.

Me repito la analítica del tiroides. ¿Estará todo bien?

El quinto mes de embarazo: en el que descubro el sexo del bebé de la manera más inesperada

Tengo cita en el médico de cabecera para recoger los resultados de la analítica del tiroides.

No podía imaginar lo que estaba a punto de suceder.

Los valores de TSH están muy altos, aún más que en la analítica del primer trimestre del embarazo.

Aunque antes no le había dado importancia, en ese momento me dice que debo acudir por Urgencias para que me valoren los ginecólogos.

No puedo creer que eso me esté sucediendo. Pasan tantas cosas por mi mente que no puedo ni pensar. ¿Estará bien el bebé? ¿Por qué antes no era importante y ahora parece tan urgente?

Acudo aterrada al hospital, donde me atienden y tranquilizan. El hipotiroidismo en el embarazo es algo habitual.

Me derivan a la consulta de Embarazo de Riesgo y a Endocrinología para que me pongan el tratamiento adecuado.

Allí mismo en Urgencias me aseguran que el bebé no ha tenido porque sufrir ninguna consecuencia por haber tenido el tiroides alterado durante los primeros meses de embarazo.

Estoy algo más tranquila, pero aún no puedo respirar. Me dicen que me van a hacer una ecografía en ese momento para comprobar que el bebé está bien y crece sano.

¡Por favor! ¡Qué todo esté bien!

Así es, el bebé está perfecto. Comienzo a relajarme.

—Aún no sé si es un niño o una niña.

—¿Quieres que lo miremos?

—¡Por supuesto!

Y allí, en una consulta de Urgencias en el hospital después de uno de los sustos más grandes de mi vida, descubro que el bebé es un niño. ¡Mi niño! Estoy feliz. Confío en que todo va a salir bien.

El sexto mes de embarazo: en el que aparece el malo de la serie

El endocrino confirma lo que ya era evidente con las analíticas anteriores. Tengo hipotiroidismo y estoy embarazada (parafraseando a Phoebe «¡esa información es totalmente nueva!»).

Me pone tratamiento y me dice que no me preocupe.

Tengo que seguir con él todo el embarazo y volver a revisión una vez haya dado a luz.

Spoiler: el hipotiroidismo, aquel personaje indeseado que irrumpió en la serie sin que nadie lo esperara, sigue acompañándome desde aquel día.

Aquel susto ya parecía controlado. Me siento más tranquila, aunque hasta que no tenga a mi bebé en brazos y vea que está bien no podré respirar tranquila.

La barriga sigue creciendo. Las pataditas y movimientos son cada vez más fuertes. Me tranquiliza saber que tiene tanta energía.

Sabemos que es un niño, que está bien y ¡ya tenemos su nombre!

tableta de pastillas

El septimo mes de embarazo: el de los ardores y los antojos

Otro capítulo tranquilo. ¡Por favor, no quiero más giros inesperados del guión!

Me siento bien, me gusta mi barriga grande. Siento energía y ganas de hacer cosas, aunque cada vez tengo menos agilidad.

¡Pero tengo ardores! Son muy, muy molestos y desagradables. Logro identificar que alimentos me los provocan, los evito y mejoran.

Desde que me quedé embarazada siento muchas ganas de comer fruta.

Yo, que antes de estar embarazada tenía que obligarme cada día a comer algo de fruta para intentar llevar una dieta sana.

Es verano y siento que podría alimentarme solo de fruta. Sandía, melón, cerezas, ciruelas, peras, naranjas… ¡devoro la fruta como si fuera un manjar de dioses!

dos cuencos con fruta de verano variada

El octavo mes de embarazo: el del síndrome del nido

Me siento inmensa. Necesito ayuda para ponerme los calcetines y los zapatos y a veces ¡hasta para levantarme del sofá!

Acudo a las clases de preparación al parto. ¡Aprende a respirar! Ay, ay, ay, ¡el momento se acerca!

¿Sabré hacerlo bien? ¿Lo tenemos todo preparado? Me paso las tardes planchando ropita diminuta, repasando la maleta del hospital, limpiando la casa.

Tengo ganas de que nazca, pero a la vez no quiero que esta etapa termine. Me gusta sentirlo dentro, tan mío.

Me encuentro bien, no quiero que esto termine ¡pero me muero de ganas de verlo!

ropita de bebe recién nacido

El noveno mes de embarazo: el de la espera que desespera

El día de la fecha probable de parto se acerca. Todos en la familia hacemos apuestas sobre el día en que va a nacer.

Nadie acierta y los días van pasando. Aquel niño no tiene ganas de nacer. Yo me encuentro genial.

Pongo en práctica todos los trucos para provocar el parto que encuentro en internet. Ahora sí que quiero parir. No quiero una inducción, no quiero una cesárea.

Nada parece funcionar. Me desespero. Gordito, ¿no tienes ganas de conocer a tus papás?

Capítulo final: en el que por fin nos conocemos

En los controles y monitores todo parece estar bien. Pero ya tenemos fecha de inducción del parto.

Unos días antes, me despierta un dolor en la cama. Luego otro, y otro. ¿Es esto una contracción? No tengo ni idea de que es lo que debo sentir para estar de parto.

Sí, aquellos dolores aumentan en intensidad. Paran unos minutos y vuelven. ¡Cada vez duele más! Sí, creo que estoy de parto. ¡El día ha llegado!

Todo va muy rápido. En solo unas horas el dolor es muy fuerte y vamos al hospital. Me quedo ingresada. Gordito va a nacer.

Avisamos a la familia, que vive fuera. No aguanto el dolor, siento miedo de no tener fuerzas para hacerlo. Pido la epidural.

Hace apenas un par de horas que estoy en el hospital. ¡Es hora de empujar! No noto nada, pero empujo con todas mis fuerzas cuando la matrona me lo pide.

Por fin. Gordito sale de mi cuerpo. Por fin puedo verlo y tocarlo. ¡Es un bebé y es mi bebé! No puedo creerme que esa cosita tan pequeña y tan bonita sea mi hijo.

Por fin juntos. Todo ha merecido la pena. Gordito me ha convertido en madre. Ahora somos una familia y esta historia no ha hecho sino comenzar.

bebe recién nacido

Temporada 2: un nuevo protagonista

Han pasado más de 4 años desde el capítulo final donde Gordito apareció en escena.

Han pasado muchas cosas y muchas historias que podéis encontrar en las otras secciones de mi blog.

Pero hemos sentido la llamada. No queremos que Gordito sea el protagonista único de esta historia. Queremos volver a vivir esos momentos. ¡Vamos a buscar un hermanito!

¿Llegará pronto? ¿Será un embarazo más tranquilo? ¿Cómo se tomará Gordito el que le roben protagonismo?

¡Los próximos capítulos van a ser interesantes!

El primer mes de embarazo: el del test de embarazo caducado

Hemos decidido buscar un hermanito o hermanita para Gordito. Llevamos apenas un par de meses en la búsqueda de embarazo y aunque yo pensaba que tardaría mas en quedarme embarazada, algo me hacía sospechar que ya estaba ahí.

Un rechazo al chocolate (yo, ¡la más golosa del mundo) y un dolor de cabeza raro me hacían pensar que estaba embarazada aunque aún quedaban días para que me viniera la regla.

Rondaba por casa un test de embarazo que nos sobró del embarazo de Gordito. Lleva guardado en un cajón más de 5 años y está caducado, evidentemente. Pero, ¿y si me lo hago? ¿Será fiable un test de embarazo caducado?

Juntos los tres nos levantamos una mañana y decidimos salir de dudas. ¡En unos minutos aquel test caducado muestra 2 rayitas! ¡Estoy embarazada! ¿O no? ¿Me puedo fiar de ese test?

En el fondo sabíamos que era verdad, que la familia estaba a punto de aumentar. Aunque decidimos confirmar con un test de embarazo nuevo, por si acaso 😅.

¡Estamos felices e ilusionados! Pero entonces, la vida misma nos muestra las dos caras de la moneda. Si queréis saber qué pasó, os lo explico todo detenidamente en uno de los post de mi blog.

Un día de sonrisas y lágrimas marcó el comienzo de esta nueva historia.

El segundo mes de embarazo: el de las náuseas y vómitos sin fin

¡Qué diferentes pueden llegar a ser dos embarazos en una misma persona! Los síntomas del segundo embarazo en nada se estaban pareciendo a los del primero.

Siento cansancio y sueño como aquella vez, además ahora tengo un terremoto de 4 años que tiene toda la energía que le falta a su madre, pero eso no es lo peor.

¡Siento náuseas y vomito a todas horas! Es horrible. Haga lo que haga no desaparecen. Vomito varias veces al día. Me encuentro fatal.

Gordito se preocupa al verme vomitar, pero me cuida y mima. Confío en que serán solo esas primeras semanas de embarazo las complicadas y anhelo, más que nunca, superar el primer trimestre para poder alejarme del baño.

Espera, ¿a ver si me encuentro tan mal porque estoy embarazada de gemelos? Me da miedo pensarlo, pero intento buscar una explicación a lo mal que me encuentro.

El tercer mes de embarazo: el de ¿serán gemelos?

Por fin se cumplen las anheladas 12 semanas de embarazo y tenemos la primera ecografía.

Sigo vomitando y sintiendo náuseas a diario. ¿Cuándo va a terminar esto? Al menos salimos de aquella ecografía felices, todo estaba bien y es ¡solo un bebé!

Esta vez controlan mi hipotiroidismo en el embarazo desde el primer momento y ya había tenido cita con Endocrinología para ajustar la dosis del tratamiento a mi estado. ¡Estoy tranquila! El tiroides no me dará más problemas en este embarazo!

El cuarto mes de embarazo: el de ¿voy a estar vomitando hasta el parto?

Seguimos sumando días a esta nueva historia. El nuevo protagonista ya empieza a hacerse notar ¡la barriga aparece antes en el segundo embarazo!

Pero sí, no dejo de vomitar ni de encontrarme mal. Sigo vomitando a diario. Comienzo a resignarme a mi suerte y a pensar que voy a estar así hasta el día del parto.

Pero tal y como aparecieron un día se marcharon sin más. Oye ¡qué llevo un día sin vomitar! Y a ese día le siguieron otros y yo no lo podía creer. ¡Me encuentro bien!

Todo sucede justo cuando estamos a punto de dar un cambio radical a nuestra vida. ¡Cambio de escenario y decorado!

El quinto mes de embarazo: el de la mudanza

Sí, decidimos tener un hijo y mudarnos al mismo tiempo. Y no solo de casa, ¡también de provincia!

Gordito acaba de terminar el cole y ha llegado el momento. ¡Nos mudamos!

Si una mudanza siempre es una faena, imaginaros una mudanza con un niño de 4 años y medio y embarazada de 5 meses.

Pero estamos tan ilusionados y tenemos tantas ganas de comenzar nuestra nueva vida que nada importa. Hay mucho trabajo que hacer pero tenemos ganas y estamos felices.

Recién llegados a nuestro nuevo hogar recibimos la noticia de que el nuevo protagonista va a ser un niño. ¡Justo lo que Gordito quería, un hermanito!

No teníamos ninguna preferencia respecto al sexo del bebé, pero estamos felices de imaginarnos a nuestros dos pequeños juntos. ¡Ya queda menos!

doctora monitorizando a una paciente

El sexto mes de embarazo: el del infierno

Sí, creo que nos hemos mudado al mismísimo infierno. Es verano y las olas de calor se suceden una tras otra.

Vivimos días con alerta roja por temperaturas extremas. ¡Y aquel barrigón no ayudaba a llevarlo mejor! Al menos, me consuelo, ya no vomito.

Por el resto todo sigue bien, adaptándonos a nuestro nuevo hogar. Gordito es feliz aquí y eso nos hace felices a nosotros.

El séptimo mes de embarazo: el del bebé sin nombre

Con Gordito fue fácil, en cuanto descubrimos que era un niño su papá y yo encontramos el nombre perfecto para él, sin tener que dar demasiadas vueltas.

Pero nuestro protagonista sigue sin nombre. Ahora somos 3 los que opinamos y no encontramos ninguno que nos agrade a los 3.

Parece que hemos encontrado uno. Incluso pasamos algunos días llamándolo por ese nombre. Pero un día Gordito se levanta y dice que ya no le gusta y no quiere que su hermano se llame así.

¡Tenemos que volver a buscar nombre para el bebé! Seguimos sin llegar a un acuerdo, hasta que un día, de pronto, aparece. Nos gusta a los 3. No lo pensamos más. ¡Ya tiene nombre!

El octavo mes de embarazo: el de la operación desalojo

Gordito a punto estuvo de ser desalojado. No quiero que esta vez ocurra lo mismo. Esperamos a que pase el cumpleaños de Gordito (un mes antes de la fecha probable de parto) y comenzamos la operación desalojo.

Este bebé no puede retrasarse. Ponemos en práctica todos los consejos y trucos para adelantar el parto.

Pero nuestro protagonista es un rebelde y aún no sabemos todo lo que nos tiene preparado.

monitores en hospital

El noveno mes de embarazo: el del bebé navideño

La FPP llega. Y pasa. Y nuestro protagonista aún no quiere aparecer en escena.

Los días pasan, la Navidad se acerca. Esperaba tenerlo ya en mis brazos, quería vivir esa Navidad en familia.

Ya tenemos fecha para la inducción del parto. Me resigno a ello. Llega la Navidad y yo ya sé que no me pondré de parto de forma natural. No quiero un parto inducido, pero no queda más opción.

Aunque me llamo María, no doy a luz en Nochebuena. El día 26 de diciembre ingreso en el hospital. Nuestro protagonista está muy a gusto en su hogar pero está a punto de ser desahuciado.

Capítulo final: la familia se completa

No quiero un parto inducido. Me da miedo acabar en cesárea. Quería tener un parto como el de Gordito, rápido y feliz, para volver a casa los 4 juntos.

Pero allí estamos, en plena Navidad y en plena inducción de parto. Esto no va a ser fácil ni rápido.

Llevamos más de 24 horas de parto inducido. Es el día 27 de diciembre. El parto no avanza, pero la matrona me anima: «No te preocupes, hoy vas a parir»

Y vaya que si parí. Un parto inducido y sin epidural que a punto estuvo de hacerme perder la cabeza pero que puso en escena al nuevo protagonista principal de mi vida.

Trasto ya estaba aquí. Me parecía increíble tenerlo al fin en mis brazos (y no haber muerto en el parto sin epidural). Era perfecto, como su hermano.

Allí mismo, en el paritorio, apenas unas horas después de haber nacido, Trasto conoció a su hermano.

Gordito apareció allí con un peluche para su hermanito y una rosa para mamá. Y yo no podía sentirme más feliz de ver por primera vez juntos a mis dos hijos. De coger la mano de mi marido y sentirme orgullosa de la familia que habíamos formado.

Créditos finales

Como cualquier madre, durante este primer embarazo me enfrenté a situaciones de duda, miedo, alegría y sobre todo desconocimiento.

Afortunadamente en internet hay multitud de información que y experiencias de otras madres que sirven de ayuda para afrontar y disfrutar esta maravillosa etapa de la vida de una madre.

Y como quiero servir de ayuda a otras madres que al igual que yo tengan dudas y miedos, os dejo a continuación un resumen de todos los post que he escrito relatando mi experiencia como embarazada novata. Espero de corazón que os sean de ayuda.

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