Si vas a coger a un bebé ¡lávate las manos!

Si vas a coger a un bebé ¡lávate las manos!

Antes de coger a un bebé, lávate las manos.

Mis dos hijos nacieron a finales de año, Gordito nació en noviembre y Trasto a finales de diciembre.

Una de las cosas que me preocupaba sobre el hecho de que mis hijos nacieran en esas fechas, en pleno otoño o con el invierno recién comenzado, eran los virus.

Todos sabemos que en esta época, los resfriados, los virus respiratorios y las gripes tienen su punto álgido.

Cuando los bebés nacen su sistema inmunitario es aún inmaduro, por lo que son mucho más susceptibles de contraer infecciones. Por ello es necesario tomar ciertas precauciones al estar en contacto con recién nacidos o bebés para evitar en la medida de lo posible que enfermen.

Hay que tener cuidado con los bebés, sobre todo si no son tuyos.

Resulta lógico, ¿verdad?. Nadie quiero que un bebé se ponga malito. Aún así yo me encontré con algunas situaciones que me hicieron tomar medidas para evitar que esto ocurriera.

Quizá sea que soy una madre «super-protectora», pero cuando se trata de la salud de mis hijos no soy nada tolerante.

En parte es instinto y creo que le ocurrirá a la mayoría de las madres. Cuando nuestros hijos nacen, se despierta en nosotras un instinto de protección muy fuerte, casi animal. No permitimos que nada ni nadie amenace a nuestros pequeños.

Una mamá novata

Cuando mi primer hijo nació hubo muchas cosas que me pillaron desprevenida, como buena mamá novata.

Cuando él llegó al mundo nosotros vivíamos en otra ciudad, a bastantes kilómetros de distancia de nuestra familia. Es por ello que en el hospital no recibimos muchas visitas, sólo la de la familia más cercana (padres y hermanos) que se desplazaron hasta nuestra ciudad para conocer al nuevo miembro.

También recibimos la visita de algunos amigos y de algunos familiares más que vivían en aquella provincia. Pero todo el mundo fue respetuoso, las visitas no se prolongaron demasiado tiempo ni se hicieron pesadas.

Yo estaba en un estado de felicidad absoluta y nada me molestaba. Me sentía feliz con mi bebé y con las personas que habían venido a celebrar aquella alegría con nosotros.

Es cierto que fue poco tiempo, a los pocos días de estar en casa mi marido y yo nos quedamos solos con el bebé. Para lo bueno y para lo malo estábamos solos.

Así que de aquel primer nacimiento no recuerdo nada que me hiciera sentir especialmente mal. La nube de éxtasis y felicidad postparto en que me encontraba y mi inexperiencia me hicieron vivir días muy tranquilos en ese aspecto. Aún no conocía el miedo. Ese miedo que nace con la maternidad, intenso e incontrolable a que algo malo le ocurra a tu hijo.

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Con la segunda maternidad todo fue diferente

Pero con el nacimiento de Trasto todo era diferente. Ya no era una mami novata, ya había visto ponerse malito a mi hijo mayor en otras ocasiones. Había sentido ese miedo a que algo le ocurra, ese dolor y preocupación al verlo enfermo, aunque sea con un simple catarro.

Además mi primera maternidad me había descubierto un tipo de crianza con el que me sentía cómoda, ya tenía claro cómo quería hacer las cosas y había aprendido a no hacer caso a consejos y opiniones ajenas.

Cuando supe que Trasto nacería en diciembre sentí en parte miedo. En plena ola de resfriados, con un hermano mayor en casa y recién nacido. Sabía que había muchas probabilidades de que su hermano mayor o cualquiera de nosotros le contagiara alguna enfermedad.

Pero Trasto iba a nacer en aquellas fechas, eso ya no se podía cambiar, lo único que podíamos hacer es poner todos los medios a nuestro alcance para que eso no ocurriera.

Después de nuestra mudanza, habíamos vuelto a vivir a la ciudad donde se encuentra nuestra familia, donde mi marido y yo nos habíamos criado.

Y nació Trasto y  esta vez sí que recibimos más visitas durante nuestra estancia en el hospital (no demasiadas, también es cierto, pero sí que más que cuando nació su hermano). Entonces se sucedieron los primeros acontecimientos que me hicieron sentir mal.

Si estás enfermo no te acerques a un recién nacido

Parece algo lógico ¿verdad? Si estás enfermo no vayas a ver a un recién nacido.

Pues no, ocurre. En el hospital compartimos habitación con otra mamá que también acababa de dar a luz.  Y tanto entre las personas que venían a visitarlos a ellos como las que venían a visitarnos a nosotros, en ambos casos, hubo personas que estaban enfermas y que aún así fueron a conocer a los bebés.

Cuando veía allí a aquellas personas, tosiendo, constipadas, con gripe, no daba crédito. Y cada vez que tosían en la habitación no podía dejar de imaginar los virus sobrevolando por el aire y contagiando a mi pequeño.

Tenía miedo. Y aunque sentía ganas de decirles que aquello no estaba bien, que se fueran, que no se puede ir a ver a un recién nacido cuando se está enfermo, que es peligroso e innecesario, no lo hice. Aunque debería haberlo hecho.

Y si tú te encuentras en esa situación, te animo a que lo hagas. De una manera cortés, pero la salud de los bebés es lo primero.

Se puede esperar para conocer a los bebés

Cuando nace un niño, lo normal es que la familia y los amigos tengan ganas de conocerlo y tengan ganas de felicitar a los padres. Pero ese momento puede esperar.

Si eres tú el que va a hacer una visita a un recién nacido, por favor no la hagas si estás enfermo.

Lo que para ti es un catarro sin importancia para un recién nacido se puede convertir casi con total probabilidad en un ingreso hospitalario.

Y si estás sano y tienes el visto bueno de los padres para ir a conocer al bebé, cuando lo hagas no lo toques. Los recién nacidos no son muñecos, no deben pasar de mano en mano. El bebé acaba de nacer y lo que necesita es estar en brazos y cerca de su madre. Necesita tranquilidad para ir adaptándose al mundo frío que lo ha recibido y necesita tiempo para establecer la lactancia.

Puede que los padres te ofrezcan que lo cojas en brazos. Si el ofrecimiento es sincero y te apetece hacerlo, antes, por favor, lávate las manos. Aunque no estés enfermo, pero el lavado de manos es una de las medidas más eficaces para prevenir enfermedades.

Un gesto tan simple puede evitar muchas complicaciones. Lávate las manos siempre antes de coger a un bebé.

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Miedo a las bronquiolitis

Trasto un día después de nacer, por otros motivos (ya os lo contaré en otro post) tuvo que ser ingresado en la Unidad de Neonatos. Estuvimos allí unos días y aunque finalmente todo se solucionó y nos dieron el alta, aquellos día en la planta de Pediatría me terminaron de abrir los ojos en aquel aspecto.

En plena época de bronquiolitis, ver cómo cada día ingresaba algún bebé por ese motivo, oír sus toses y ver las caras de preocupación de sus padres por los pasillos me hicieron tomar la determinación de que ya no iba a mostrarme prudente con nadie más.

Estaba deseando salir de allí con mi hijo y llevarlo a casa. No podemos controlar todo, pero sí que se pueden tomar medidas para que no ocurra nada malo. Y son bien fáciles. No estaba dispuesta a volver al hospital.

El lavado de manos salva vidas

Con mi hijo ya en casa pudimos controlar más las visitas. Si nos decían que estaban un poco resfriados les pedíamos que no vinieran a casa hasta estar bien.

Y cuando venían a casa, insistíamos a todo el mundo en que se lavara las manos antes de acercarse o tocar a Trasto. A las personas con las que teníamos más confianza directamente los enviábamos al cuarto de baño a que lo hicieran.

Para los que no, teníamos siempre encima de la mesa un gel desinfectante de los que no necesitan aclarado y que tan populares se hicieron hace años tras una epidemia de Gripe A.

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Quizá os suene exagerado, pero no queríamos correr riesgos innecesarios. Mi marido, mi hijo mayor y yo, por supuesto, también tomábamos las mismas precauciones antes de coger al bebé.

No soy partidaria tampoco de criar a los niños en una burbuja, viven en el mundo y están expuestos a él, enfermarán y se curarán, formará parte de su crecimiento y desarrollo.

Cuando Trasto creció, llegó la primavera y nos fuimos relajando más en ese aspecto, sin descuidar, claro, las medidas básicas de higiene.

Pero durante sus primeros meses, cuando aún son tan frágiles y un simple constipado puede acabar siendo algo más peligroso, fuimos bastante controladores en ese aspecto.

Para nosotros no dejaba de ser algo lógico y normal, pero alguna de las visitas se sorprendía de que les invitáramos a higienizar sus manos antes de coger al bebé.

 

¿Os ocurrió a vosotros también?

 

 

 

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8 comentarios en “Si vas a coger a un bebé ¡lávate las manos!

  1. Os daria un infarto viendo mi casa , una niña de 3 años , un niño de 2 , 2 perros , 2 gatos , uno de ellos está más tiempo en la calle que en casa , y dos tortugas , a una de ella le han pasado la lengua hasta por la cabeza. Es raro no encontrar a un perro o gato durmiendo en alguna cuna junto a los niños y mejor no os cuento que nos trae de la calle uno de los gatos.
    Prácticamente no sabemos que es que los niños se pongan malos , nos ponemos más malos nosotros que ellos.

    • Buenos días! A mi me parece estupendo que los niños crezcan rodeados de mascotas, es muy beneficioso para ellos. De lo que hablo en el post es de un tema totalmente diferente. Hablo de recién nacidos, que nacen con un sistema inmunológico no desarrollado aún (y pongo el caso de mi hijo que nació en diciembre en plena ola de gripes y bronquiolitis). En esos casos es importante tomar una serie de precauciones, que no es meterlos en una burbuja, es simplemente lavarse las manos para evitar el contagio de enfermedades.
      Gracias por el comentario! Un saludo

  2. Con los recién nacidos no está de más el tomar precauciones. Yo, al igual que tu, no entiendo a la gente que se empeña en ir a verlos los primeros días pese a estar enfermos.
    Aunque curiosamente yo viví una situación inversa. Estando yo enferma decidí no ir a ver a unos recién nacidos al hospital…y la familia no lo entendió en absoluto. Me llegaron a decir que podía haber pedido una mascarilla para ponérmela durante la visita…y mi desplante aún es recordado….
    En fin…lo que para unos es lógico…para otros locura.
    Un abrazo

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