El gateo en el bebé: 8 beneficios de gatear

El gateo en el bebé: 8 beneficios de gatear

¿Gatean todos los bebés? ¿Es importante la fase de gateo en su desarrollo? ¿A qué edad empiezan a hacerlo? ¿Y si no gatea nunca?

Los padres siempre nos estamos haciendo preguntas sobre el desarrollo de nuestros hijos. Cuando éstos ya dejan de ser unos recién nacidos que se pasan casi todo el día dormidos, cuando empiezan a sujetar su cabeza y a querer explorar el mundo,  si gateará o no gateará es una de las preguntas que rondan la cabeza de los padres.

El gateo

El gateo supone el antecedente a los primeros pasos del bebé. En general, los pequeños comienzan a gatear antes de empezar a andar. Como norma general lo harán entre los 6-10 meses de edad. Pero este intervalo de tiempo es relativo por varios motivos:

  • No todos los bebés gatearan, hay algunos que no se sienten cómodos haciéndolo y se saltan esta fase, pasando directamente a caminar. Esto es tan normal como el gateo y no supone que exista algún problema. Habitualmente los niños que no gatean adquieran la habilidad de la marcha antes.
  • No todos los niños adquieren las habilidades al mismo tiempo. Cada niño lleva su propio ritmo. Unos empezaran a gatear con 7 meses, otros con 10, otros con 12, otros como ya hemos visto pasan directamente a andar. Todos los casos, siempre que se acompañen de un desarrollo psicomotor acorde a su edad, pueden darse y entran dentro de la normalidad.
  • Por tanto, no hay que agobiarse si nuestro hijo no gatea o empieza a hacerlo más tarde de ese rango de edad. Además durante esa etapa de su desarrollo los niños suelen acudir a revisiones con su pediatra que se encargará de vigilar que el desarrollo psicomotor sea correcto y de que el tono muscular sea adecuado para su edad, independientemente de la existencia o no del gateo.

Beneficios del gateo en bebés

Sin embargo, y a pesar de no ser un hito necesario para el desarrollo correcto de nuestros hijos, el gateo sí que resulta muy beneficioso para ellos. Les reportará múltiples beneficios no sólo en esta primera etapa de sus vidas, si no también a largo plazo. Veamos algunos de ellos:

  1. El gateo conecta ambos hemisferios cerebrales, creando rutas de información necesarios para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.
  2. Gatear ayuda a tonificar los músculos y a fortalecer la columna vertebral. Esto permite a los niños mantener la espalda en una posición correcta una vez comienzan a caminar.
  3. Mejora su sistema del equilibrio. La postura al gatear favorece que se desarrolle el sistema vestibular y el sistema propioceptivo, lo que les permite identificar y conocer las diferentes partes de su cuerpo.
  4. Es beneficioso para su visión. Al poder explorar el mundo que les rodea mediante el gateo los niños están ejercitando y mejorando su sentido de la vista. Aprenden a enfocar a cortas y a largas distancias, lo cual es un estupendo ejercicio para los ojos. Hay algunos estudios que indican que el 98 % de los niños con estrabismo no gatearon o no lo hicieron el suficiente tiempo.
  5. Tiene beneficios a largo plazo en la lectoescritura y en la motricidad fina. Al gatear sobre sus manos experimentan la tactilidad, mandando información al cerebro de donde están sus manos apoyadas y de las diferentes sensaciones y texturas de los objetos que le rodean. También mejora la coordinación cerebral ojo-mano, que es fundamental a la hora de aprender a leer y a escribir.
  6. Mejora su desplazamiento. Al moverse libremente el niño va fijando patrones de movimiento y va experimentado diferentes rutas para llegar a sus objetivos.
  7. Aumenta su autonomía. El poder moverse libremente incrementa el rango de estímulos que recibe y les permite interactuar de forma más natural con su entorno. Aprenden a desplazarse para conseguir objetos que les resultan estimulantes o atractivos, en lugar de limitarse a pedirlos con las manos o esperar a que les sean ofrecidos por el adulto.
  8. Gatear es una fuente de felicidad. El niño que gatea es feliz desplazándose, eligiendo donde ir, acercándose a aquello que le resulta interesante. Para el resto de la familia también es una etapa divertida. Jugar con ellos, verlos gatear y adquirir cada vez más autonomía es una fase muy bonita en el desarrollo de nuestros hijos. También cansada, pues hay que estar siempre pendientes de que el entorno por el que se mueven sea seguro y esté libre de riesgos.

Cómo podemos estimular la fase de gateo

Ya hemos visto los múltiples beneficios que tiene el gateo en los bebés. Pero también sabemos que si no gatea y directamente se lanza a andar tampoco hay ningún problema. Por lo tanto creo que no tiene mucho sentido estimular la fase de gateo.

Algunos niños no gatearan nunca, pero aprenderán a desplazarse reptando, arrastrándose, a culetazos o ejercitarán su musculatura apoyándoselo en los muebles o en tus piernas para ponerse de pie pero sin llegar a desplazarse hasta que estén preparados para ello.

Todas son opciones válidas y de una forma u otra la mayoría de los bebés sanos acaban por aprender a caminar antes o después sin mayor trascendencia para su desarrollo posterior.

Así que más importante que el estimular al gateo me parece el facilitar las condiciones y el entorno del bebé para que éste pueda evolucionar a su ritmo.

Acondicionar su espacio para que puedan moverse libremente y sin peligros, pero sin forzar al niño a adquirir posturas ni dirigir sus movimientos. Desde que nació mi hijo pequeño me interesé por la teoría del Movimiento Libre creado por Emmi Pikler. Nos ha resultado tan interesante y satisfactorio que merece otra entrada sólo para hablar de ella.

Entonces, ¿cómo podemos facilitar sus movimientos?

Creo que el gateo, como otros muchos hitos de su desarrollo psicomotor, debe ser alcanzado de forma espontánea y natural. No debemos presionar a nuestros hijos a que gateen, repten o anden. Su cuerpo y su desarrollo irá mostrando y alcanzando sus propias capacidades.

Debemos preocuparnos de que tengan un entorno amplio, libre de peligros y dejarlos en el suelo. Tumbados sobre su espalda, dejar que sean ellos mismos los que poco a poco vayan encontrando la fuerza y vayan practicando los movimientos necesarios para desplazarse.

Podemos (y debemos) interactuar con ellos, jugar, poner juguetes a su alcance y animarles a ir a por ellos, pero sin forzar posturas ni movimientos en ningún momento. Echémonos al suelo con nuestros hijos, juguemos y disfrutemos con ellos antes de que crezcan. Esta etapa es muy corta y pasa muy rápido. No la desaprovechéis.

Solo démosle el espacio, el tiempo y la confianza necesaria para que ellos vayan evolucionando y creciendo. Hay que procurar que no haya cosas peligrosas a su alcance. Quitar adornos de los muebles, ocultar cables y proteger enchufes, pero dejemos que exploren.

No tiene ningún sentido el tenerlos recluidos en parques, hamacas o cunas donde sus movimientos están tan limitados. Y por supuesto, nada de utilizar andadores. Su venta ya está prohibida en muchos países y su uso no está recomendado por la Asociación Española de Pediatría. Además de ser peligrosos para los niños (aumenta mucho el riesgo de caídas y accidentes en casa) no favorece ni la postura ni el desarrollo muscular para luego poder andar. Todo lo contrario.

 

Nuestra experiencia: los errores que cometí con mi primer hijo.

Como padres primerizos y novatos, con mi primer hijo hice muchas cosas y cometí algunos errores que ahora en mi segunda maternidad intento evitar.

Es habitual, el desconocimiento y el hacer las cosas como “se han hecho toda la vida” a tu alrededor puede dar lugar a ello. Forma parte de la maternidad.

Mi primer hijo gateó alrededor de los 9 meses y empezó a dar sus primeros pasos sólo con 11 meses y medio. Tuvo un desarrollo que entra dentro de lo considerado “normal”.

Pero con él cometimos el “error” de tenerlo casi siempre metido en el parque. Considerábamos que aquel era un entorno seguro para él y él se mostraba cómodo allí dentro. Tenía sus juguetes y pasaba allí varias horas al día. Era un parque grande y tenía algo de “libertad” de movimiento. Dentro de él empezó a ponerse de pie agarrado a sus paredes y daba algunos pasos.

Pero en pocas ocasiones lo dejábamos libre en el suelo. Jugábamos con él, claro está, siempre, cada día, nos sentábamos en el suelo y jugábamos. Pero acotábamos el espacio para que no se moviera del sitio que considerábamos seguro. Siempre estábamos pendientes de que no se fuera a caer, a golpear o a hacer daño. Limitamos sus movimientos y su desarrollo sin darnos cuenta, sólo por miedo a que se lastimara.

Nos regalaron un andador cuando el nació y cuando a partir de los 7 meses lo usábamos a veces. No le dimos mucho uso, es cierto, pero sí que pasó allí montado algunos momentos.

Aún así comenzó a caminar pronto. Poco a poco fuimos dándole la libertad y la autonomía que necesitaba, pero siempre estábamos revoloteando a su alrededor para evitar que se dañara.

En mi segunda maternidad

En mi segunda maternidad tenía claro que eso no iba a volver a suceder. Leí sobre el movimiento libre y así hemos actuado con Trasto. Hemos usado muy poco la hamaca por ejemplo. Desde muy pequeño lo hemos dejado en el suelo, encima de una alfombra de actividades cuando era un bebé y sobre una alfombra de goma eva cuando creció algo más.

Su desarrollo psicomotor ha sido más rápido que el de su hermano. Empezó a voltearse con 3 meses, a gatear cuando le faltaba una semana para cumplir 7 meses y a ponerse de pie con apoyo con 7 meses. Con 9 ya se mantenía de pie por sí mismo y dio algunos pasitos. Ahora con 10 meses y medio ya anda él solo. Todavía sin mucha destreza, obviamente. A veces empieza a andar, se cansa y continua su camino gateando.

Ha gateado durante meses libremente. Últimamente lo hacía a unas velocidades increíbles y no tenía dificultad en ir dónde se propusiera. De hecho yo pensaba que empezaría a andar más tarde de lo que lo hizo su hermano por ese mismo motivo.

En ningún caso lo hemos forzado a gatear, ni a ponerse de pie. Tampoco lo hemos cogido de las manos para que anduviera. Él solo ha ido adquiriendo las destrezas.

Lo que sí hemos hecho es dejarlo siempre en el suelo, libre, con juguetes a su alcance. No hemos tenido tanto miedo a que se cayera, forma parte de su aprendizaje. Se ponía de pie y se caía de culo. Al empezar a gatear o a sentarse por sí mismo en muchas ocasiones se daba coscorrones.

Pero siempre que no sean golpes producidos desde alguna altura no tienen mayor trascendencia. Un besito de mamá y a enjugar sus lágrimas. Verás como en las siguientes ocasiones ya sabe qué hacer para no hacerse daño.

Yo he comprobado que si cae por sí mismo se hace mucho menos daño que si yo lo cazo al vuelo o lo intento sujetar para que no caiga. El desarrollo es así, para aprender a levantarse hay que haber caído antes.

¿Gatearon vuestros hijos? ¿Cómo lo hicisteis vosotros?

 

 

 

 

 

 

 

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